Vivimos un cambio de época y de sentido

En la historia de la humanidad, había existido un contexto que nos permitía adaptarnos a él, y vivir de él durante toda nuestra vida. Cualquier proceso de adaptación para acoplarnos a cualquier cambio nos era útil por toda una vida. Es más, era posible vivir con la certeza de una posibilidad después de esta vida, y en ello muchos venían depositando incluso su sentido de existencia.

La humanidad ha traspasado importantes cambios como parte del progreso que se ha podido generar, y lo que se había observado es que el tiempo que tomaba generar un cambio importante, aunque se reducía, no sucedían muchos de ellos en una misma generación.  Ahora se observa algo sustancialmente diferente. No solo los cambios continúan generándose, sino que además los tiempos que toma generar cada uno de ellos y la intensidad de los mismos se mueven con ritmos exponenciales. Con esto, quiero decir que cada vez toma menos tiempo producir un cambio importante en el contexto de la humanidad, y el impacto de dichos cambios tiende a ser cada vez mayor. Es así que ahora podemos traspasar múltiples cambios importantes en nuestra vida, y eso nos requiere capacidades y formas de ser para las cuales no hemos sido preparados. No estamos listos para hacer frente al mundo que tenemos.

Desde otra perspectiva, la paz que nos entregaba la espiritualidad que construimos en base a distintas creencias, hoy parece estar siendo insuficiente para muchos. Las principales instituciones que representan estas propuestas espirituales (religiones), atraviesan una crisis importante derivado de su liderazgo, su estructura, y sobre todo en lo relacionado a su oferta de sentido.

En otras palabras, la humanidad parece que está perdiendo el soporte en el cual se sostenía para dar sentido a su vida, esto como resultado de la aceleración en los cambios, de la incapacidad de adaptarnos a ellos ágilmente, y lo que para muchos ha sido "la muerte de Dios".

Zygmunt Bauman habla de "el mundo líquido", como una metáfora a lo que pudiéramos estar viviendo en la modernidad. En un mundo líquido, en el que no existe un soporte en el cual apoyarnos para descansar, parece que se nos obliga a nadar sin descanso para poder sobrevivir, pero finalmente terminaríamos muertos por agotamiento. Se propone entonces que para sobrevivir en un mundo líquido, habrá que aprender a flotar para descansar, en otras palabras, a vivir in ningún tipo de certeza.

Aprender a nadar en este nuevo mundo, requiere una modificación de nuestro esquema de creencias, y además del desarrollo de nuevas competencias que nos permitan encontrar sentido y el bien vivir.

Con el acompañamiento del coaching ontológico profesional, sería posible generar aprendizajes que produzcan cambios de creencias, además de nuevas competencias que nos habiliten a navegar en este nuevo mundo que se nos presenta.

Oscar NovoaComentario