Sobre el liderazgo moderno

El liderazgo que necesitamos actualmente en las organizaciones es particularmente distinto al que fue exitoso en el pasado. Hoy nuestro mundo está siendo retado, y en lo que se refiere al liderazgo en las organizaciones, el reto es particularmente importante ya que nos estamos jugando la posibilidad de crecer o de permanecer un mercado que hoy, junto con su contexto, sufre grandes transformaciones a ritmos que antes no solíamos ver.

El ritmo con el que evoluciona la tecnología y las diversas formas con las que actualmente un cliente fundamenta su decisión de relacionarse con una compañía u otra, incrementan los estándares a los que debe referirse cada uno de los niveles de servicio de nuestras empresas. Esto ha provocado el aumento de las responsabilidades en los líderes así como de los requerimientos en los niveles de agilidad hacia la gerencia y la operación dentro de las organizaciones. No es común ver una transformación profunda que habilite a las organizaciones a su sobrevivencia y al crecimiento sin ser a costa del stress. Tal y como lo expone Richard Boyatzis en su trabajo "Liderazgo emocional", el Síndrome del Sacrificio, que se traduce en un deterioro físico y emocional que sufren muchos directivos que, precisamente por ser o querer ser "emocionalmente inteligentes", dejan de serlo, el foco de la supervivencia o crecimiento de la empresa basado en el stress podría incapacitar para el liderazgo a los directores y gerentes de cualquier organización.

 ¿Cómo podría atenderse la necesidad de cambio en las organizaciones para afrontar estos retos?. Pienso sin duda que la respuesta gira en torno al liderazgo. Y para hablar de liderazgo, tal vez sea útil estandarizar primero lo que esta distinción significa en relación a lo que pretendo tratar en este artículo. Me referiré al liderazgo como aquel fenómeno que ocurre cuando una persona logra resonar con sus seguidores alrededor de una visión compartida, y a partir de eso, se crea entre ellos una particular relación que convierte al líder en el principal facilitador para que su equipo logre alcanzar los objetivos que se determinan. 

La distinción que presento del liderazgo parece que tiene sentido, sin embargo, ¿cómo podemos identificar a un líder (y no solo a un director o gerente) para que sirva a estos propósitos de transformación?, ¿Cuáles son las acciones que te permiten distinguir a un líder? Pienso que un líder puede distinguirse en una persona que logra conectar emocionalmente con sus seguidores (con su equipo), y a partir de una visión compartida, logra un movimiento dirigido a materializar la visión en común, participando cada persona por convicción. Pero no solo es posible distinguir a un líder desde su conexión emocional; también nos es posible identificarlos por los juicios que se producen a su alrededor. Un líder, como consecuencia de sus acciones y emocionalidad, suele generar en aquellos que lo rodean los siguientes juicios: "es confiable", "es visionario", "sabe escuchar", "es coherente", "me entiende", "me facilita el llegar a mis objetivos", etcétera. 

Convertirse en un líder, se dice, es algo posible. No es necesario haber nacido y seguir siendo de esta manera. Para que el director o gerente logre convertirse en líder, deberá de existir un proceso de transformación en su persona que le permita de forma genuina vivir y tener presentes algunas emociones que son clave: confianza, ambición, seguridad, amor (propio y a los otros), y compasión. Sin lograr registrar y vivir en lo cotidiano con estas emociones, luce insostenible una figura de liderazgo bajo las premisas que se presentan en este trabajo. Sin embargo, cuando de forma genuina, el líder logra vivir estas emociones, se suelen producir emociones resonantes en el equipo que los rodea (confianza, ambición, seguridad, etcétera). 

Dado que el líder vive genuinamente las emociones y acciones que a su vez crean en fenómeno de liderazgo entre sus seguidores, esto suele repercutir en su corporalidad. Un líder podrá pararse con un soporte firme en la tierra, con hombros relajados echados para atrás permitiendo presentar su corazón al mundo, con mirada al frente lista para conectar con lo que se le presenta, y una sonrisa disponible para ofrecer a los que lo rodean. Al conversar, el líder suele mirar a los ojos y ocupa espacios amplios con su cuerpo al comunicarse, casi sin acudir a posiciones cerradas. Las personas que se encuentran alrededor de un líder, suelen conectar con su corporalidad, sus palabras y sus emociones. Lo observan y lo escuchan. Se generan las emociones que se perciben desde el líder (se genera una resonancia). Con esta resonancia, es posible crear el fenómeno del liderazgo, provocando que todos juntos se coordinen para construir la visión que se tiene en común. 

Solo con estas bases creo posible hacer lo que propone Ken Blanchard en su trabajo “La pirámide organizacional puesta al revés”, en el que propone colocar el vértice de la pirámide organizacional hacia abajo, y desde ahí, los líderes siendo apoyo a los colaboradores que a su vez atienden a los clientes. Me parece que girar de esta forma la estructura, nos permite generar una actitud y emocionalidad adecuada para que los equipos de trabajo logren materializar la visión de la empresa con una gran actitud de servicio al cliente. 

Estas bases emocionales también resultan cruciales para diseños empresariales más complejos en los que la organización coloca líderes para cada división de negocio de forma descentralizada, y mantiene además un liderazgo central, esto a forma de una "federación". En estos contextos, según como expone Warren Bennis en su trabajo "Convertirse en líder de líderes", el éxito de los negocios depende de un balance de poderes entre el poder central y las divisiones de negocio, y del desarrollo de un liderazgo emocional con una buena dosis de competencias conversacionales entre todos los líderes. 

En conclusión, si bien es posible una ruta para la formación de líderes, ésta no concretará cuando el proyecto de formación atienda solo a las acciones específicas que se esperaría observar en líder. El proceso debe ser genuino, y para ello, es necesario que el aspirante a convertirse en líder logre un desplazamiento en sus emociones, en su cuerpo y en su lenguaje, de tal forma que será percibido de forma genuina por el equipo que lo rodea. Esto, es posible alcanzarlo a través de la formación en competencias que suelen desarrollar los coaches profesionales. 

Oscar NovoaLiderazgo, Coaching