Las excusas como un enfoque incorrecto de nuestra atención

En lo cotidiano nos sumergimos en conversaciones, ya sea con nosotros mismos o con otros,  en las que imaginamos alcanzar ciertos objetivos o resultados, y para algunos podría verse aceptable el hecho de que algunos objetivos se alcanzan y otros no, esto basado en alguna narrativa similar a "en la vida no todo es alcanzable". Creer que esto es así, nos puede llevar a construir estructuras de pensamiento, y en consecuencia de acciones, que claramente nos llevarán a un bajo desempeño en el alcance de los objetivos que nos planteemos.

Es incluso posible que esta construcción de estructuras que nos impiden alcanzar los resultados, nos suceda sin ser 100% conscientes de ello, y es ahí donde este artículo pretende aportar algunas reflexiones que podrían ser útiles para aprender a observar cómo estamos viviendo los procesos de cumplimiento de objetivos o de compromisos. En particular, enfocaré las reflexiones a ubicar la fuente de donde podrían surgir las excusas, mismas que al aprender a observarlas, nos llevarán a un camino de nuevas posibilidades para alcanzar nuestros objetivos.

El ser humano necesita hacer sentido de su existencia

Posiblemente lo que genera mayor temor al ser humano es en imaginarse de pronto en la nada; la no existencia. Es la resistencia al vacío lo que hace nacer mecanismos que buscan anclarnos a situaciones que nos permitan dar sentido a nuestra existencia en el mundo. En mayor o menor medida, esta predisposición humana a protegerse de la nada nos lleva a ciertos patrones de comportamiento que nos permitan sentir que estamos apoyados en algo.

La forma en la que cada uno de nosotros generamos los puntos de apoyo en el mundo para hacer sentido a nuestra existencia y alejarnos de la nada puede ser muy diferente.

La confianza, la ambición, la paz, y el amor propio pueden ser puntos de apoyo que nos generan sentido de nuestra existencia en el mundo, y además nos impulsan a buscar los resultados aún y cuando surjan circunstancias que pudieran impedir alcanzarlos en un tiempo y a través de un plan de acción específicos. Cuando alguna de estas emociones está disminuida o ausente, hará falta otro punto de apoyo para dar sentido a nuestra existencia en el mundo, y éstos otros puntos de apoyo pueden desenfocarnos de lo que pudiera llevarnos a alcanzar nuestros objetivos.

¿Foco en las acciones o en el resultado?

Cuando nos comprometemos a alcanzar ciertos objetivos, deberemos diseñar planes de acción que nos conduzcan a ellos. Cuando no se logra tener foco para realizar un plan de acción, aun entendiendo que éste será clave para alcanzar el objetivo, tal vez existan bajos niveles de compromiso para alcanzar el objetivo que se está fijando (emocionalidad ausente), y en este caso sería necesario indagar para encontrar aquello que no logra conectar a la persona con el objetivo planteado.

Ahora bien, cuando si ha sido posible diseñar un plan de acción, lo que normalmente sigue es el emprendimiento de las acciones que conforman a dicho plan. Es en el emprendimiento de las acciones cuando nos sumergimos en lo que solemos llamar "la operación cotidiana", y aquí lo que suele pasar es que nuestra atención se coloca en las acciones y de forma natural dejamos de enfocar al resultado deseado. Aquí nace un importante causante de la baja productividad. Es necesario encontrar los métodos de trabajo que permitan regresar periódicamente a mirar el resultado deseado, y evitar enfocar nuestra mirada a las acciones cotidianas al 100%.

No es raro que los contextos cambien, o que los planes una vez en ejecución, muestren evidencia de que no nos están conduciendo a los resultados deseados. Es necesario entonces un método de trabajo que nos asegure espacios para hacer una pausa, y reflexionar respecto de nuestras acciones (el plan), y de cómo éstas nos van acercando a los resultados deseados.

La falta de este espacio de reflexión normalmente nos conduce a estar 100% concentrados en las acciones del día a día, y esta atención es tan grande, que nos lleva a hacer sentido de nuestra existencia en las acciones mismas, dejando de lado el "para qué" las habíamos emprendido en un inicio.

El nacimiento de las excusas

Cuando nuestro foco pudiera estar en las acciones y no en el resultado, y cuando adicionalmente existe una disminución de las emociones clave, es muy probable que surja la articulación de excusas cuando se cuestiona respecto al incumplimiento de ciertos objetivos.

La excusa puede convertirse en ese apoyo que necesitamos para hacer sentido de nuestra existencia en el mundo (o en la empresa, o en el proyecto, o en la familia, etc.). Las excusas suelen ser narrativas que articulamos para mostrar que si hemos hecho aquello que inicialmente estaba planeado, y que es consecuencia de otros factores o de la misma acción mal planeada el que no se haya alcanzado el resultado. Veamos que en este tipo de narrativas, encontramos rastro de que nuestro foco está en la acción, y hemos dejado de mirar al resultado.

Cuando decimos este tipo de narrativas (que ahora llamamos excusas), vale la pena hacer un espacio de reflexión para observar que hemos caído en una trampa, y que estamos enfocando al punto incorrecto. Es una oportunidad de volver a mirar al resultado deseado y rediseñar planes de acción que nos conduzcan a él, ahora tal vez a través de planes de acción distintos.

Escuchar de forma recurrente excusas, puede ser una señal de que las cosas no se están moviendo. De que nos hemos rendido, y de que no vemos como podría resultar diferente. Se generaría una retroalimentación a la resignación como emoción predominante.  Al escuchar excusas, nace además la oportunidad de notarlas y usarlas como una señal, y en lugar de rendirnos, hacer espacio para enfocarnos nuevamente al resultado provocando los rediseños a los planes de acción que sean necesarios. Así estaríamos diluyendo resignaciones y provocando ambiciones.

En general podemos decir que para objetivos factibles, no deberíamos de decir o escuchar excusas. Las excusas apuntan a una condición en el equipo de trabajo que debe ser reparada, y que normalmente es sustentada en emocionalidades negativas y métodos de trabajo que no provocan espacios de reflexión y de conversación.

Para objetivos factibles, tanto en lo personal y como en equipo, es clave alimentar la ambición, reenfocar periódicamente al objetivo, y rediseñar los planes de acción cada que sea necesario.

Oscar NovoaComentario